La Impulsividad

Cuando hablamos de Impulsividad estamos refiriéndonos a comportamientos que son visibles a todos.

Son características del niño y la niña impulsivos:

  1. – Dificultad para calmarse cuando se estresa, llora, se frustra cuando es contrariado en lo que desea hacer.
  2. – Dificultad en seguir las reglas del juego (hace trampas, impone sus reglas, se niega a aceptar las mismas). Un niño o niña, acepta reglas al jugar a partir de los 6 años.
  3. – No son capaces de razonar ante explicaciones.
  4. – Exigen gratificación inmediata y se impacienta. Puede llegar a llorar.
  5. – Protestan con facilidad.
  6. -Tienen a menudo conductas reactivas. No logra asociar la acción en un circuito de siento, pienso, actúo.
  7. – Presentan baja tolerancia a la frustración (no sabe perder, no tolera cuando no logra lo que se propone).
  8. – Pueden mostrarse imprudente pues no se detiene a observar lo que sucede a su alrededor.
  9. – Interrumpen con frecuencia y no espera que los demás terminen su discurso o su turno al jugar.
  10. – Dificultad de darse cuenta de los riesgos y valorar las consecuencias de sus comportamientos.

Los adultos que convivimos con niños impulsivos, debemos tener claro que no es que los niños no quieran autocontrolarse sino que tienen dificultades para hacerlo. Una vez que éstos se activan (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración), los niños sienten la necesidad de correr, actuar.

Una vez que lo niños impulsivos actúan inadecuadamente, lo reconocen, suelen arrepentirse y se comprometen a no volver a hacerlo, pero vuelven a caer en los mismas conductas disruptivas al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por su impulsividad.

La estrategia que soluciona esta situación, consta de mantener unas normas, pautas y horarios claros y constantes. Sino lo hacemos, estos episodios se refuerzan y el niño consigue lo que quiere, lo que ocasiona que no respete acuerdos ni a los adultos que son sus figuras de autoridad.

Cuando se produce un episodio de impulsividad (rabieta, insultos, gritos, llanto) los padres, maestros o adultos a cargo, deben mantener la calma. No griten, ni intenten razonar nada en esos momentos. Muéstrense serenos y expresen: “…entiendo que estas molesto, triste pero puedes hablar y contármelo…

Por ejemplo: Ante una rabieta podemos decirle: “Estamos tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. De esta forma el adulto se retira y propicia una cierta distancia física y afectiva. En este momento debemos pedirle que respire y trate de calmarse. Luego cuando logre serenarse, acérquense, abrácenlo en silencio. Requiere entender que no es rechazado y que existe una intención real de apoyarlo.

No es suficiente con actuar de forma adecuada ante sus conductas impulsivas. Los niños impulsivos necesitan que les expliquemos qué es lo que les sucede y qué pueden hacer. Estos razonamientos se hacen cuando ya se han tranquilizado. A pesar de entender y aceptar al niño tal y como es, debemos enseñarle que sus actos tienen consecuencias. Muchos niños suelen pedir perdón o explicar que no pueden controlarse. Es importante hacerles ver que cada comportamiento tiene un efecto en el otro y este efecto, una consecuencia en él o ella. Luego de una conducta disruptiva o adecuada, debe haber un refuerzo verbal positivo o negativo; un privilegio o la eliminación del mismo.

Por ejemplo: si ha pegado o insultado a alguien deberá pedir disculpas. Primero, esperaremos a que se calme y luego le exigiremos que cumpla con lo que le pedimos. Si él percibe en el adulto frustración, ira, inseguridad, diferencias entre los padres, vergüenza ante una situación, percibirá que tiene el control sobre nosotros y la conducta inadecuada se incrementará.

No califique e inculpe a su niño/a. Exprésele a su hijo/a que la conducta es inadecuada y que se ha comportado mal, haciendo referencia al conducta concreta y que eso puede arreglarlo en un futuro si se esfuerza.

No compare a su hijo/a con otros niños/as haciéndole ver que el otro/a es más tranquilo/a y se porta bien. Su hijo/a ya sabe eso, necesita que le ayuden a superarlo no que se lo recuerden a cada instante. Por el contrario recuérdele sus puntos fuertes y hable con él/ella sobre lo que debe mejorar, pero sin compararle.

Ser un buen modelo, asegura coherencia. El o ella establecerá naturalmente la comparación entre él y los demás que lo rodean. Ayudarlo a conocer su cuerpo y manejarlo con regulación es importante para un niño o niña impulsivos.

Por último, se recomienda trabajar con el paso a paso, pues genera un ritmo de acción fraccionado. El manejarse con instrucciones parceladas, ayuda a que inicie y finalice las actividades por etapas.

Ayúdalo con hechos más allá de las palabras… En la familia Mi Titá creemos firmemente que nuestras diferencias NO nos dividen o restan del grupo, por el contrario suman esfuerzos y multiplican conexiones entre cada uno de nosotros desde los más jóvenes hasta los más grandes.

Porque cada pieza del rompecabezas es diferente e importante…
Aprendamos a vivir juntos…
Aprendamos a valorar nuestras diferencias.