¿Por Qué Esperar Milagros?

CONSTRUYA EL SISTEMA DE VALORES DE SUS HIJOS

En el proceso de educar y formar a las personas, se insiste en forma reiterativa en tener un conjunto de reglas o normas que rijan la conducción del comportamiento de las mismas.

Se le brinda importancia a las pautas que dicta la sociedad, la televisión, al grupo de amigos con el que cada familia interactúa, a las personas con quienes nos identificamos, a las instituciones sociales, educativas, religiosas a las
que pertenecemos.

Esta influencia hace que las parejas con miembros conductores de un grupo familiar estén en constante revisión y modificación de su sistema de normas, de su estilo de vida, ya que el integrarse, ser aceptados y sentirse parte del grupo es importante para los individuos.

Cada grupo generacional impone un estilo, un “modus vivendi”, un conjunto de clichés que están aprobados y por medio de los cuales las personas escogen un modelo a seguir de acuerdo a sus expectativas de vida.

Sin embargo, generalmente no se le presta tanta atención al sistema de valores por el que se regirá la educación de los hijos, y en consecuencia a partir de la adolescencia se presentan conflictos entre padres e hijos, dado que los padres esperan un comportamiento que no se corresponde al de sus hijos.

El sistema de valores describe lo que es correcto o incorrecto para un grupo familiar en particular. Determina el comportamiento y de acuerdo al mismo, es que deben dictarse las normas para hacer cumplir nuestros objetivos. Las normas, no son mas que las herramientas para hacer efectivo el proceso de formación de valores. Normas sin los valores pueden convertirse en un ente coercitivo, pero no asegura un desarrollo adecuado del individuo que le permita
comportarse adecuadamente sin ser “vigilado”.

Aspectos como: el trato con ancianos, con niños, el cuidado de animales y
plantas, el aprecio de las cosas propias y ajenas, el manejo de conceptos como
honestidad, poder, caridad, igualdad entre razas y clases sociales, el
altruismo, el compartir, la unión familiar, el respeto a lo ajeno, a los demás, el cuidado de sí mismo, la formación profesional, la formación religiosa, la
unión familiar; entre muchos otros, son los elementos que debemos tomar en cuenta para fijar una posición que le refleje al niño la forma de actuar que como padres consideremos que es la correcta.

Para alcanzar esta meta, debemos conocer cuales son nuestros valores personales, acordar como padres que se le transmitirá a los niños y asumir un estilo de vida, de comportamiento que sirva de ejemplo constante, coherente y consistente. De esta forma, podremos llegar a controlar mejor la influencia externa (TV, amigos, Internet, moda generacional, personajes públicos con los que se identifican nuestros hijos, etc.) y acércanos más a el resultado que queremos. Este hecho, no implica que no debemos reflexionar acerca de lo que hemos planteado como nuestro sistema de valores, no podemos caer en la “sordera a lo externo” y a lo que nuestros propios hijos manifiesten, pero tendremos siempre a la mano una referencia a la que acudir para tomar decisiones.

Dobles mensajes, ambigüedades, e inconsistencia, traen confusión y poca credibilidad. No podemos cumplir con valores como respeto a lo ajeno (no robar), respeto a la vida (no matar), solo porque hay un sistema de normas (leyes), de autoridad (policías), y de consecuencias (cárcel, desprestigio) que imponen el cumplimiento de los mismos y castigan severamente al que los viole.

La intención de la formación de valores, no debe conducirse por el camino de la imposición por temor a la sanción, debe ir por el camino del convencimiento y de demostrarle a los hijos que es lo mejor para ellos. El camino es crear
conciencia y autonomía al actuar.

¿Cómo enseñarlo?
…El compartir: Para los niños pequeños, solo existe el “mí”, les cuesta entender que concepto de “otros”. Esto es lo esperado para estas edades (1 a 3 años), lo hacen para establecer su identidad, su autonomía. Es por esto que hay que hacer del compartir un proceso lento pero seguro. Primero que todo no olvide de reforzar la autoestima de hijo y demuéstrele que al acumular cosas no lo hace ni mas poderoso, ni mas importante. Tampoco lo obligue a hacerlo pues le parecerá que el otro es mas importante.

Empiece por enseñarle a “prestar” sus cosas. Explíquele que no es para siempre (esto es muy importante) y prémielo por hacerlo. Luego, introduzca otro concepto, el concepto del “otro”, así el niño entenderá que debe respetar el espacio de los demás.

Un buen entrenamiento puede ser el esperar turno para usar los aparatos de un parque de diversiones, allí podrá resaltar que debe compartir con otros las mismas cosas, sirva de ejemplo compartiendo con el niño sus cosas y pidiéndole prestadas las suyas. Comparta sus pertenencias con otros adultos y demuéstrele las ventajas de la situación con los propios hechos. Si quiere que su hijo comparta, respételo, no lo obligue a compartir, ayúdelo a escoger de sus objetos aquellos que desea prestar, los otros juguetes pueden ser retirados para evitar conflictos con los otros niños. Sea flexible, en este sentido.

Puede reforzar la enseñanza de este y otros valores a través de paseos a lugares que muestren a sus hijos ejemplos de lo que desea inculcarles. Puede realizar juegos cooperativos, actividades que impliquen el trabajo con materiales que deben compartir.

Ayúdese seleccionando lecturas atractivas que hablen del tema. Use los personajes de los programas favoritos de sus hijos para combatir y/o aplaudir una conducta en particular, haga de la TV una aliada.

Invente historias para que él las termine y analice su mensaje con el niño así podrá ayudarlo a ver las consecuencias.

 

…En la próxima entrega, más estrategias de cómo formar valores.